Yo nací en un lugar

Yo nací en un lugar al que alguien, en algún momento, llamó planeta, y otro, en otro momento bautizó como Tierra. Crecí acariciando el mar, paseando los bosques, bajando a los abismos y subiendo a las montañas. Esto último, lo de bajar y subir, poco, mis rodillas sufren desde hace años de otros excesos.

Donde yo nací era una esfera por la que caminabas libremente atraído por una especie de fuerza a la que un tal Newton llamó de la gravedad. Ha de ser grave si nos retiene aquí pegados a menos que alcances una velocidad de escape de once coma diecinueve kilómetros por segundo, que ya es correr.

He de decir que he disfrutado muchísimo de esa esfera en la que nací. Toda mi infancia y juventud rodaron por esa superficie tosca pero amable, dura pero comprensible, cambiante pero cariñosa y mágica, y salvaje, y peligrosa, pero amorosa.

Hace un suspiro aparecieron unas gentes que dicen que la Tierra es plana. Uno no puede hacer más que reírse de estas personas que son incapaces de comprobar  unos datos que son reproducibles y no llevan a confusión. Son mentecatos, tontos o personas con problemas que se dejan llevar por los más peligrosos, los estafadores.

Ahora desde hace dos años vivo en un cuenco. La Tierra se ha convertido en un cuenco. Desde mi casa veo el mismo cielo, la misma contaminación, las mismas paredes (Eso es normal, no tengo otras, pero muy recurrentes). Mi círculo de actividad es muy reducido. Afortunadamente vivo con Ella y sigo enamorado, pero a todas esas personas que me han construido a lo largo de los años ya no las puedo tocar, ni besar. El bicho ha convertido el planeta en un cuenco. Espero que sepamos hacerlo bien y darle la vuelta cuanto antes.

 

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