El cuervo

El título no es original, eso es evidente, ya lo inventó un tal Poe. Lo que escribo no podrá superar al otro Cuervo, The raven. Pero es mi cuervo. El cuervo es un animal muy inteligente, tiene la capacidad de hablar, como los loros. Ya lo demostró el etólogo Konrad Lorenz. Sí, Lorenz fue un filonazi, como muchos alemanes, pero un gran científico, y cayó del guindo, parece ser, cuando vio el transporte de judíos a campos de concentración. O esa es la parte de la historia que nos quieren contar. A saber… Que fue uno de los fundadores de la etología no lo duda nadie.

Lorenz tenía un cuervo, Roa, que debido a la impronta (imprinting, término acuñado por Lorenz y buscadlo en las redes porque es largo de explicar) le seguía, y un día paseando por la calle apareció un coche a gran velocidad, dándole un susto de muerte a Roa. Entonces el cuervo le habló a Lorenz. No queda claro qué le dijo, pero desde entonces, o quizás desde antes, se sabe que los córvidos tienen la capacidad de hablar. Lorenz siguió con su trabajo, llevando varios bichos en sus talones debido a la impronta, pero esa es otra historia.

El cuervo pasa por ser un bicho feo, desagradable y carroñero, y si además habla pues es como la mayoría de los humanos. ¿Entonces, por qué esa manía? Yo tengo uno en casa, se llama Felipe, es el rey de la casa. Manda sobre la gata y dice cosas. Los sábados se desata y no para de hablar durante toda la mañana. Por las tardes intenta follarse a una urraca vecina, pero no entiende que eso no lleva a ningún sitio. Entonces me pide ojos.

Los cuervos tienen una tendencia genética hacia los ojos. En la naturaleza, al encontrar el cadáver de un animal, han de ir a lo fácil antes de que lleguen los buitres, y lo más blandito y fácil para empezar son los ojos. Felipe dice: Papi, quiero ojos. Claro, es complicado, ya no suelen vender en las casquerías de los mercados, casi no quedan ni mercados. Pero cómo habla, y parece que me entiende.

A ver, Felipe no es tonto. No me sigue por el suelo como Roa, el de Lorenz, Felipe va volando, sin que parezca tener un vínculo conmigo. Yo me dedico a la mediación social en familias con problemas. Hay cada hijo de puta suelto que no lo puedes ni imaginar. Alguna hija de puta también, pero muchísimas menos. Y algunos hijos que no veas.

Me gustan los callos, y cocino bien. Suelo hacerlos cada dos semanas. Claro que los callos son tripas, y si las dejas pasar hasta que huelan mal, las bates en crudo con algo de esa sangre que suelta la ternera y amalgamas todo como un paté usando grasa de cerdo, son un cebo perfecto para Felipe. Dejo un manchurrón en cada hijo de puta y Felipe se encarga de sacarle los ojos.

Ya se empieza a hablar demasiado en la prensa. Han sido cuarenta y tres. Le he puesto el ungüento a Felipe en las patas. Ha muerto, se lo ha comido la gata. Voy a ver si convenzo a la urraca.

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