Cuento de Nochevieja

Decían que entraba el año 2022. Mentira. Al menos en mi caso y debido a una anomalía espacio temporal, me ha entrado el 2202. Una guarrada que no os podéis ni imaginar. Hasta que llegue el 2202 de verdad, y como ninguno estaréis vivos, os va a dar igual. Por qué me ha entrado el 2202 a mí es irrelevante, pero es una mierda y el calendario de la farmacia de abajo es cutre.

Según mi costumbre no he tomado las doce uvas. Han sido doce aceitunas cornicabra aliñadas con ajo. Sí, ya sé, no es lo mismo, pero a mí las uvas… Es que me atraganto.

Precisamente he sabido el año gracias al calendario. Me he asomado a la ventana y la farmacia no existe. Cómo tengo el calendario es una incógnita. El edificio que se sustentaba sobre la farmacia es una ruina. Hay un Carmona bebiendo una cerveza junto a la esquina donde estuvo el bar “El Faisán”. Es clavado a uno de los que conocí, debe ser un retataranieto, delincuente, supongo, igual que sus antepasados.

El Sol sigue saliendo por el mismo sitio, pero con más mala leche. Fin de año a las siete de la mañana y treinta grados centígrados, es, como poco, raro. Pero muy raro.

Me falla el mundo. Ella sigue durmiendo como si tal cosa y me da miedo tocarla, no sea que se despierte en este mundo extraño, sin pies ni cabeza y lleno de errores. Cuando abro mis manos veo arrugas donde antes había un  músculo terso, y veo abrazos inacabados, besos flotantes, amores lloronas,  como las de Chavela. Encuentro amor entre su seso y el mío. Y eso es la tarde, llorona.

El Sol abraza con fuerza al 2202, lo lame y lo restriega con vicio. El mundo llora hacia arriba y esas lágrimas se convierten en niebla. Apenas se ve la ciudad desde el balcón.

La gata ronronea, es enorme, como un león, pero la veo vieja. Claro es 2202. Me pide un premio, como cada día, pero las golosinas de siempre no le sirven a un animal tan grande. Le abro la puerta de la casa. Nunca ha salido. Se planta en el rellano, aprieta el botón del ascensor  y entra. Me asomo al balcón y la veo salir a la calle. Da dos vueltas a la manzana y aparece con un señor en la boca. No parece estar muy contento.

Menos mal que ese rodillazo de ella en los testículos, a saber por qué motivo, me devolvió a la madrugada del año 2022.

 

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