Cuento de la semana con muerto

Nunca sabré porqué morí. Si fue por mano amiga, mano enemiga o por mi propia mano, pero morí un día de un año que no recuerdo. Lo mismo fue ayer que hace mucho tiempo.

El caso es que soy consciente de que estaba enfadado con el mundo. Eso incluía a los que no me caían bien, a mis amigos y creo que a mí mismo. Mucho enfado para poca cosa.

Bueno, ahora estoy de este lado, un lado brumoso, frio y aburrido. Menos mal que tengo a Bastian que me mantiene activo. Le da por perseguirme para comerme y yo le sigo el rollo, salgo corriendo como un loco. No parece ser consciente de que estoy muerto y va a ser complicado que me hinque el diente, Tan complicado como que me pille.

Cuando Bastian para, agotado, me siento enfrente de él e intento explicarle la situación, aunque no es muy receptivo. Creo que está convencido de que yo soy su presa y su obligación es cogerme y merendarme y…Hala, a correr de nuevo. Si no fuera por esos momentos la condición de muerto sería un coñazo.

He probado a cambiar los roles, perseguir yo a Bastian, pero no funciona. Corro hacia él y ni se inmuta, intento chocarme con él y lo atravieso llegando a una zona más oscura, una negrura densa y aceitosa que me da náuseas, así que deshago el camino y vuelvo a atravesar a Bastian en sentido contrario, regresando a la bruma fría. En cuanto lo atravieso en esa dirección le da la tontuna y se pone a perseguirme.

Me asalta una duda que no he conseguido resolver, saber si Bastian es un muerto como yo o un ser que habita en la bruma aburrida y fría. Se lo he preguntado muchas veces, pero como solo sabe decir “Grrrrrrarrrr” es complicado sacar una conclusión. Uno de los problemas de este estado es el tiempo. Parece que no hay, todo es homogéneo, sin nada que te permita deducir cuándo es. Sé que Bastian me ha perseguido muchas veces y yo lo he atravesado más de una vez. ¿Cuántas? Ni idea. ¿Cuándo? Y yo qué sé.

¿Cómo sé que se llama Bastian? Si no habla. ¿Me lo habré figurado? Y es que Bastian me suena mucho. Estoy haciendo un esfuerzo de memoria, pero que no me viene nada a la mente. Mente o lo que sea que tenemos los muertos. Nada. Pero hay como una cosa agarrada a la punta de mi lengua, si es que tengo lengua. Es una sensación.

Creo que a Bastian lo he bautizado yo a raíz de un libro titulado “La historia interminable”. El motivo no lo sé, pero hoy me ha venido. Quizás esta situación de difunto, al ser interminable, me ha hecho hacer una comparación absurda y nombrar al perseguidor como Bastian. No sé.

¡Oh!, Ya vuelve de nuevo. Pues a correr. ¿Y si dejo que me pille? he pensado en algún momento. Dicho y hecho. Se ha puesto a correr tras de mí y he salido huyendo sin ganas. Bastian ha llegado a mí, ha estirado el brazo, lo ha puesto en mi hombro, y me ha cogido.

Y yo que pensaba que al ser un muerto no podría tocarme, que error.

Bastian me ha agitado con furia. Imbécil, despierta, que son las nueve y llegas tarde al colegio. Jodido muchacho, ha dicho mi madre.

 

 

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