Cuando ya está.

Llegó una tarde de abril, contenta, a la casa de sus padres. Había sido un vuelo largo y con el Jet Lag quería descansar. El Sol estaba precioso, escondiéndose en el horizonte, sacando su paleta de rojos, Era el mismo Sol que en Estados Unidos, con los mismos colores, los mismos amaneceres y los mismos ocasos, pero el olor no era el mismo, El Sol olía a niñez y a adolescencia, olía a inicio de la vida, a una vida que arranca y tiene aroma de salitre. Su hermano la recogió en el aeropuerto con un abrazo a la vez cálido y fuerte. Ocho años sin verse. Hermana, ahora relájate, te dejo en su casa, subimos los equipajes, los saludas y salimos tú y yo a cenar. Una llegada amable, dijo él, porque lo de después no te va a gustar.

Y mis sobrinos y tu mujer, preguntó ella, Más adelante, dijo él, Muy bien, pero hoy no. Hoy sólo papá, mamá, y luego tú y yo cenando solos, Tienen la comida hecha y una señora que está con ellos. Pues les he traído chucherías de América, dijo ella, Ahora se las das, dijo él sonriendo mientras aparcaba el coche a pocos metros del portal de sus padres. Era un barrio de trabajadores, un barrio construido en los cincuenta para llenarlos de trabajadores, casi todos emigrados, que trabajaron duro en las industrias de la Zona Franca. Con los años se convirtió en un barrio de jubilados de clase media, con buenas pensiones, envejecido pero amable.

Hola mamá, dijo ella. Hola hija, respondió la madre, ¿Cómo has venido sola del colegio? Ha venido con su hermano, dijo el padre. Hola papá, y le dio un beso. Ese señor no es su hermano, dijo la madre, ¿Es tu novio? No mamá, dijo ella, es mi hermano, tu hijo. Pero si es mentira, aseguró la madre, Porqué me engañáis todo el rato, Voy a hacer la cena, y se levantó del sillón. El hermano de ella llegó a tiempo para que no se cayera. Mamá no puedes hacer estas cosas, dijo él, Suélteme, contestó la madre molesta, yo hago la cena todos los días, Y tú vete a la cama que es muy tarde, le ordenó a su hija.

Cada día va a peor, dijo el hermano mientras se comía unos boquerones en el restaurante, A veces parece que está bien y a los diez minutos no sabe quién eres ni lo que hizo ayer. No sabía que estaba tan mal, no me has dicho nada. ¿Para qué? Estoy tramitando una residencia, el problema es papá, que está bien, aunque con una depresión de caballo que le hace comportarse como un imbécil, A los dos no los podremos colocar, sólo a mamá, Con las pensiones que tienen y viviendo de alquiler tampoco pueden ir a una privada, Es complicado.

Es una mierda, dijo ella, Nos han vendido una sociedad justa e igualitaria, y cuando ya está te la has de comer con patatas, Una mierda, repitió antes de comerse un calamar perfectamente rebozado.

 

 

 

 

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