El mundo de otro color

 

Nunca he sabido su nombre. Se paraba cada mañana en el semáforo y solía cruzar en rojo. No es un Rojo Rojo, decía, es un Naranja subido, y cruzaba. Los coches frenaban, los conductores le insultaban y el señor respondía. Sus gritos son falsos, decía, los de verdad son Negros y los suyos son Tierra Siena Tostada. En la tienda de la esquina, si me cruzaba con él, decía: Buenos días vecino, tiene un día Azul Ultramar, eso es bueno, y al pagar le decía al dueño, No me cobre en Verde, que las cebollas son Rojo cansino y el vino Granate divino.

Una vez el ascensor se paró en su planta, no quiso entrar, Está usted en Ocre Amarillo, me dijo, que pase un buen día. Días después llegué del trabajo, sería sobre las cinco y media, y el hombre estaba en el rellano discutiendo con otro vecino. El motivo lo desconozco, el vecino, arrinconado, estaba pálido mientras el otro le gritaba que ningún color Sepia podía ser bueno. Quise intermediar y el hombre se fue musitando Bermellón, puto Bermellón de mierda.

Cuando lo vi aporreando un semáforo con una barra de hierro al grito de Es un verde de mierda, no es un Verde Esmeralda, llamé a la guardia urbana. Me saludaron educadamente, pero no me hicieron ni puto caso. Bueno, dijeron, ya lo conocemos, está como una cabra, pero lo suyo no es delito, alguna multa y poco más. A este asfalto Naranja, dijo a voz en grito señalando el asfalto gris, le falta un punto de Blanco, no hace juego con el cielo, entonces la urbana se marchó arqueando las cejas y riendo por lo bajo.

Un día se enfadó con una niña que iba al colegio con su mochila. Ella le dijo Hola y él le respondió que a dónde iba con esa voz Amarillo de Cadmio Claro y esa mochila Azul Cobalto. La niña salió corriendo. Max era un perro Golden Retriever de color chocolate, el hombre se acercó a su dueña y, a grito pelado, le recriminó que el perro cagara mierda Verde de Sèvres. La mujer se alejó del hombre mientras él le seguía gritando Y quítese ese pelo Rojo Cadmio Medio.

Una borrasca de esas secas por el cambio climático trajo un día de viento loco. Asomado en el balcón vi como el hombre le gritaba al cielo. Pero qué mierda de viento es este de Amarillo Nápoles Oscuro, y acto seguido se puso a increpar a un árbol de la acera por no ser Ocre Amarillo, acto seguido respondió, o eso parecía, al árbol y dijo, Qué coño de otoño ni leches, en agosto Ocre Amarillo y después Gris Payne.

Realmente no me extrañó cuando Javi, el vecino de arriba, me dijo que el hombre era el técnico de colores de una fábrica de pinturas, Parece que es muy bueno, me dijo, pero se le va un poco la olla. Entonces, el hombre, salió por el portal, vino directo a mí y, casi escupiéndome en la cara, me dijo que yo no tenía derecho a llevar una cazadora Amarillo Nápoles Rojo, y siguió su camino ante la mirada estúpida de Javi y mía. Era una cazadora de cuero negro.

El día que murió estuve presente. Cruzó un semáforo en rojo a la voz de Verde Cinabrio, lo atropellaron, mientras llegaba la ambulancia musitaba Por fin el cielo está en Rojo Venecia. Ya en la camilla para ponerlo en la ambulancia, segundos antes de expirar, gritó Blanco, Al fin se han juntado todos los colores y tenemos un universo blanco, y dejó de vivir.

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