Más allá

Me morí malamente. No fue de la manera ortodoxa y aún no entiendo por qué. Esta mala muerte ha dado como resultado que los lunes, miércoles y viernes me toca infierno, los martes y jueves, purgatorio, y cielo los fines de semana y fiestas de guardar. Es una mierda. Hago todo lo que puedo para recanalizar mi muerte, entrar en la muerte canónica, y poder quedarme en el infierno de fijo. ¿De fijo en el infierno? os preguntaréis, pues sí, en el infierno.

Es verdad que el infierno está lleno de gente mala, yo mismo es posible que entre en la categoría de los que han de ser arrojados al averno, pero no todo el mundo es malo al cien por cien, o muy pocos, los despreciables, pero esos son tan raros, que se aíslan del resto y no dan problemas, lo que tiene el estar muerto.

El purgatorio es un lugar raro, no es desagradable, pero si es incómodo los martes y jueves, no quiero pensar en toda una eternidad. Llegas al purgatorio acompañado por unos ángeles más estirados que una vara de avellano, te colocan un delantal, te dan una escoba y un recogedor, y ¡Ala! A barrer el suelo del purgatorio durante veinticuatro horas. Eso los martes, los jueves es mocho y cubo. Además, estás tú solo, en el purgatorio no hay nadie, o hay un purgatorio por difunto. Vamos que el purgatorio no es el sitio donde uno quisiera estar una eternidad.

El cielo ya es de traca. El mejor plan para pasar el fin de semana. Llegas y suenan unas trompetas estridentes al tiempo que unas infinitas puertas se abren, dando paso a una infinita sala bañada por una luz diáfana de un blanco puro que duele a la vista. Hombro con hombro millones de hombres y mujeres arrodillados miran al cielo. De ese cielo cuelga un ojo infinito que observa desde lo alto a todos los humanos buenos que se destrozan las cervicales por toda la eternidad, eso sí, con una sonrisa obligatoria y perenne que hace colapsar los músculos de la mandíbula. Yo acabo los fines de semana con un dolor de cabeza de récord.

No, a mí que me dejen de hostias, infierno para la eternidad. Aquí se baila, se liga, se juega al póker, se bebe sin freno, se hacen unas siestas de vicio, sexo el que quieras, vamos, que nada que ver. Sí, a alguno se le va la mano, pero al estar ya muertos, el asesinado revive y el descuartizado se recompone. Además, los ángeles caídos, esos que llamamos demonios, van a la suya, tienen una fuerte querencia al bingo y al moscatel, lo del fuego estaba mal contado, son fuegos artificiales, todos los días de fiesta.

Voy a asesinar a unos cuantos, a ver si me dejan aquí de lunes a domingo. No pensé que el Más Allá fuera tan complicado.

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