Nubes

Llueve, es sábado y salgo a la calle, a mojarme, que uno tiene sus vicios, y hacía un año largo que no caía agua del cielo. En la calle nadie, un coche de tanto en tanto y nada más. En las ventanas y los cristales de los portales rostros amorrados observando el milagro, incrédulos a la vez que esperanzados.

La lluvia no es nada copiosa, es un tenue darse contra el suelo, mojar con timidez y resbalar por la piel con cariño, pero es lo que es, lluvia. Ni siquiera hace frio, es un agua tibia que te descoloca. Me pregunto dónde estoy, si en el Caribe, entre África y Europa o en algún rincón del Índico. Lo grito en voz alta “¿Dónde estoy?”. En Barcelona, imbécil, ¿dónde si no? responde una gaviota argéntea que se acaba de posar a tres metros de mí.

Miro a la gaviota y, como es natural, la obvio, las gaviotas no hablan. Miro alrededor y no veo a nadie. ¡Mira, mira, mira! ¡Mira cómo mira el imbécil este!, exclama la gaviota, Toda una vida aficionado a la ornitología, mirando pájaros, con sus dibujitos y sus mierdas, y aún no se ha enterado de que algunos hablamos. Gilipollas eso es lo que eres. No hay duda, la gaviota habla y yo me quedo mirándola con cara de eso, de gilipollas.

Mientras me repongo escucho que dice: Y soy traductora intérprete de Gavioto- Castellano- Catalán, además…Aquí, en este momento, ya repuesto, la corto. Mira gaviota de mierda, digo con la voz alta y algo aguda, hables o no hables, tú y todas las de tu especie sois lo peor de la naturaleza. Carroñeras miserables, revolviendo siempre en las basuras, disfrutando como locas en montañas de desperdicios, rodeadas de mierda y escampando toda esa escoria por todos lados. Sois unas arteras asesinas, acechando a otras aves, que no os han hecho nada, para atacarlas y devorarlas, reventando las tripas de palomas, cotorras y todo tipo de pajarillos despistados. Sois sucias, con esas plumas de un blanco impoluto ocultáis toda la guarrería que se os adhiere a la piel en vuestros revuelcos por los vertederos de las ciudades. Dais asco. Os habéis convertido en ladronas, acecháis a los niños en los parques para picotearles sus meriendas, con esos picos como navajas lesionáis las manos de nuestros niños por un miserable trozo de pan. Soy un hombre de bien, un ecologista convencido, pero aprobaría con gusto una campaña de exterminio de una especie tóxica como la vuestra. Y ahora, le dije, lárgate de aquí echando hostias, o te reviento con una piedra.

Vale, Vale, dijo la gaviota, pero, antes, que sepas que vivíamos tranquilamente en el mar pescando lo necesario para vivir, criando nuestros pollos en hermosos acantilados orientados al Sol y, hace tiempo, aparecieron los barcos pesqueros, arrasando los bancos de peces y poniéndonos la vida fácil. Un buen día llegamos a vuestros puertos y, sí, todo lo que dices es cierto. Lo hemos aprendido de vosotros. Incluidos los idiomas.

 

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